Lechuga en la gran ciudad

Empecé este Blog por razones muy diferentes a las que lo reinicio ahora. Era desdichada y la vida estaba en mi contra y weá (Lo cual era completamente cierto, pero  no era culpa de la vida que me odiara, si no que de mis propias decisiones. Recién ahora soy lo suficiente madura para admitirlo).
Antes de esta entrada tenía puras historias de sufrimiento y de por qué me tocó a mi vivir esta vida tan de mierda. Por suerte nadie más que don CB pudo leer estas historias que me da vergüenza haber publicado.

Puede que sea un poco cliché ponerme a hacer reflexiones de los cambios que ha tenido mi vida este año, pero  me parece que son dignos de contar, porque creo que a muy pocas personas en el  mundo le pasa lo que me pasó a mi. Pasé de la pará "odio la vida que me tocó" a "Amo vivir y quiero cantar como en una película Disney".

Acá un resumen o (lo que salga) de cómo cambió mi vida en menos de un año.

Parte I: Lechuga en la gran ciudad.

La verdad es que me encantaría que me dijeran Lechuga pero nadie me dice así. Así que me autodenominaré de esta forma porque es mi Blog y se me da la gana.

Había una vez una Lechuga provinciana que creía que la vida era "Bah", que tenía un Pololo al que llamaremos M. La Lechuga provinciana siempre ha tenido un problema de ansiedad que le provoca el síndrome de "tengo un genio de mierda cuando las cosas no salen a mi manera" o "mañas extremas", pero para eso tenía a M quién siempre le ponía los pies en la tierra, a veces demasiado.

La Lechuga estaba cesante y M estaba recién egresado, por lo que los dos estaban buscando pega. (Está demás decir que no tener pega es gatillante del síndrome de mañas extremas, por lo que tenía un genio de mierda que M debía aguantar).

Lechuga y M habían tenido grandes problemas en su relación que creían haber superado y ahora eran felices.

M encuentra pega en Santiago y Lechuga decide buscar trabajo en la capital y seguirlo con una maleta llena de sueños y amor.

Error N°1: Nunca se cambie de una ciudad por amor. (No aplica para familias o parejas casadas)

Error N°2: Creernos lo suficientemente maduros y tomar la decisión de no vivir juntos porque no era el  momento.  Que él se haya ido a vivir a las Condes y yo a Plaza Italia. (Me cansé de hablar en tercera persona)

Erro N°3: Creer en que uno tiene que dar sin esperar recibir nada a cambio, pero eso es una mentira y la wea tiene que ser recíproca.

Continuemos con la historia. Consigo pega en una empresa bacán. Me llevo la raja con mis compañeros de trabajo. Conozco a CB, que me dio un poco de risa al principio.
Llego el el primer día toda arreglada (versión provinciana, porque hay un montón de diferencia entre el arreglado santiaguino y el provinciano) y de repente llega un mino que se parece un poco a Frodo con hawaianas, short cuadrillé y polera a rayas. Primer pensamiento: este wn vive solo y nadie le dice que eso  no queda bien. 

CB se convierte en mi  mejor amigo en la oficina, salimos a almorzar y nos quejamos de la vida en general.

Mi vida en Santiago se vuelve solitaria. M nunca está y cuando está me siento más sola todavía. Lo único que hacemos es carretear, pelear y ver series en Netflix.
M siempre cacha todo antes que yo.
M cacha que soy infeliz y que ya no lo pesco tanto. Solución de M: ponerse celoso de todo (y con razón) y peleamos más y hay llanto de mi parte.

Siento que tengo una vida de mierda y que lo peor que pude haber hecho fue venirme a santiago. Odio ir desde mi casa a la casa de M o de vuelta en la línea 1 apretada como sardina con un bolso, una mochila y otro bolso del gimnasio. Odio mi rutina en general. Odio llegar a la casa de M sin que él esté, ordenarle la pieza, lavar la loza y que no me diga ni gracias.

Odio cuando peleamos, en especial cuando estoy curada. 

Ya no quiero estar más con M. Me gusta CB.

Termino con M. Desastre. Me quedo sola, siento que todos me odian. Lloro todas las noches por el daño provocado y porque me carga quedar mal con la gente.

Pensando fríamente, jamás podríamos haber sido felices con M. Somos muy diferentes y su forma de ser se comía a la mía, entonces yo era la polola de M y no la Lechuga. Él jamás tuvo paciencia para todos mis caprichos y es súper válido porque soy una malcriada y como buena malcriada jamás cederé en mis caprichos. Tuvimos buenos momentos y tomé decisiones importantes en mi vida por él, pero no funcionó.

Yo creía que no podía ser nadie si no estaba con M, Siempre he necesitado mucho y no sabía si lo iba a poder encontrar, entonces llegó CB.

Ahora la historia se pone empalagosa y mejor lo dejo para otro día.




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